DIARREAS EN TERNEROS
- 20 mar
- 4 Min. de lectura

Las diarreas en terneros neonatos tienen un gran impacto tanto sanitario como económico en la explotaciones de ganado bovino. Son uno de los problemas sanitarios más frecuentes en estas explotaciones y, a pesar de las numerosas investigaciones realizadas en este ámbito, su incidencia sigue siendo muy elevada convirtiendose en una de las principales causas de mortalidad en animales jóvenes.
IMPACTO ECONÓMICO Y PRODUCTIVO.
Las diarreas en terneros no solo afectan a la salud inmediata del animal, sino que también tienen consecuencias a largo plazo en la producción de la explotación.
Entre las principales pérdidas destacan:
Incremento de la mortalidad, que alcanzar hasta el 25 % de los terneros.
Disminución del rendimiento productivo en la vida adulta, ya que los animales que han sufrido diarrea severa raramente alcanzan su máximo potencial de crecimiento o producción.
Problemas reproductivos, debido al retraso en la llegada a la pubertad y del primer parto.
Mayor susceptibilidad a otro tipo de enfermedades.
ETIOLOGÍA DE LOS PROCESOS DIARREICOS.
El origen de estos procesos es multifactorial, combinando agentes infecciosos, factores de manejo y estado inmunitario del animal. Es frecuente que un mismo animal presente infecciones concomitantes, donde diferentes patógenos actúan simultáneamente agravando el cuadro clínico. Por ejemplo, un ternero puede padecer una infección por Escherichia coli enterotoxigénica en las primeras semanas de vida y, al mismo tiempo, estar afectado por virus entéricos como el rotavirus o el coronavirus bovino. Del mismo modo, protozoos como Cryptosporidium parvum pueden coexistir con bacterias como Salmonella spp., incrementando la severidad de la diarrea, la deshidratación y el retraso en el crecimiento. A estos agentes se suman factores como una inadecuada ingestión de calostro, el estrés, la alta carga ambiental de patógenos o deficiencias en la higiene de las instalaciones, lo que explica por qué el abordaje de las diarreas neonatales en terneros debe contemplar tanto el diagnóstico de los agentes implicados como la mejora del manejo sanitario y nutricional del rebaño.
Bacterias: las diarreas de origen bacteriano son más frecuentes en los primeros días de vida de los terneros. Las bacterias que nos encontramos de manera más frecuente son:
Escherichia coli enterotoxigénica (ETEC)
Produce diarrea secretora no inflamatoria.
Es la causa más frecuente durante la primera semana de vida.
Provoca diarrea acuosa abundante y rápida deshidratación.
Salmonella spp.
Produce cuadros graves con fiebre, depresión y diarrea con sangre, fibrina y moco.
Puede causar septicemia.
Clostridium perfringens.
Responsable de enterotoxemias hemorrágicas.
Inicio muy agudo con dolor abdominal y muerte en pocas horas.
Virus: los terneros afectados por diarreas viricas suelen presentar depresión y heces liquidas con abundante moco.
Rotavirus bovino: es el agente viral más común asociado a diarrea en terneros.
Coronavirus bovino: también produce diarrea y puede prolongar la duración del cuadro clínico.
Parásitos.
Cryptosporidium parvum: produce una diarrea muy persistente que se suele dar en terneros de entre 5 y 35 días de edad con especial incidencia en la segunda semana de vida. Suele ser una afección autolimitante pero puede agravarse si coexiste con infecciones virales o bacterianas.
Causas No Infecciosas: existen diversos factores de manejo que pueden predisponer a la aparición de procesos diarreicos o empeorar los problemas ya existentes.
Errores en alimentación: leche demasiado fría, exceso de cantidad + pocas tomas diarias, sustitutos lácteos de mala calidad, mala higiene del instrumental empleado en la alimentación, etc.
Estrés ambiental: condiciones climáticas adversas, jerarquías sociales, entorno inadecuado, mal manejo...
Mal encalostrado: si el animal no ingiere la suficiente cantidad de calostro en las primeras 6 horas de vida, la transferencia de inmunoglobulinas será insuficiente y aumentará su susceptibilidad a posibles infecciones.
SIGNOS CLÍNICOS.

Heces blandas, acuosas, con sangre o moco.
Distintos niveles de deshidratación.
Depresión o embotamiento.
Debilidad progresiva.
Pérdida de apetito y del reflejo de succión.

DIAGNÓSTICO.
Para realizar un correcto diagnóstico, se deben combinar distintas técnicas.
1. Evaluación clínica: edad del animal, valoración del grado de deshidratación, color y consistencia de las heces, estado general.
2. Test rápidos en campo: existen numerosos kits comerciales que permiten detectar la presencia de los agentes infecciosos más comunes en heces de forma sencilla y rápida.
3. Análisis laboratoriales: en casos graves y cuando hay muchos animales afectados se pueden tomar muestras en la explotación para mandarlas posteriormente a laboratorio y realizar análisis coprológicos, cultivos bacterianos, PCR, ELISA....

TRATAMIENTO.
El mayor riesgo para los terneros con estos procesos diarreicos es la deshidratación y alteración del equilibrio ácido-base. Así la base del tratamiento consiste en:
Fluidoterapia: para reponer agua y electrolitos.
Corrección de los trastornos ácido-base.
Continuar con el suministro de la leche, de la madre preferiblemente o con preparados artificiales si no fuese posible.
Antiinflamatorios: para reducir el dolor y la inflamación del tracto gastrointestinal.
En ocasiones puede ser necesaria la administración de antibióticos en casos graves cuando existen signos de septicemia.
PREVENCIÓN Y CONTROL.
Son las herramientas más eficaces para reducir la incidencia de diarreas en terneros.
Manejo correcto del calostro
Administrar calostro de buena calidad
Dentro de las primeras 6 horas de vida
Manejo sanitario adecuado
Evitar mezclar terneros de diferentes edades
Mantener buenas condiciones de higiene
Limpiar correctamente utensilios de alimentación
Vacunación de las vacas gestantes
La vacunación frente a Rotavirus bovino y Coronavirus bovino aumenta la concentración de anticuerpos en el calostro, proporcionando una mejor protección a los terneros recién nacidos.
CASO CLÍNICO.

Contamos el caso de una ternera de 1 semana de edad que presentaba un cuadro avanzado de diarrea. Con este caso veremos la importancia de la actuación temprana y el diagnóstico etiológico.
El ganadero nos contactó tras observar que la ternera llevaba ya varios días con diarrea amarillenta. A la exploración el animal presentaba deshidratación evidente, borborigmos intestinales aumentados, apatía general y heces líquidas amarillentas.
Así se procedió a la colación de un catéter intravenoso para administrar fluidoterapia con el objetivo de corregir la deshidratación y desequilibrios electrolíticos. También se recogieron muestras fecales para realizar un test de diagnóstico rápido el cuál resultó positivo a Cryptosporidium.

Dado que no se trataba de un caso aislado, ya que existían más terneros afectados y fallecimientos previos, se recomendó el tratamiento con halofuginona vía oral a todos los terneros, tratamiento específico frente a Cryptosporidium. Dado que este patogeno es altamente contagioso y resistente en el medio ambiente, se recomendó cambiar a los animales de pasto, mejorar las condiciones higiénico-sanitarias y realizar un control estricto del encalostrado al nacimiento.



