ESPIGAS EN PERROS Y GATOS: un gran problema para nuestras mascotas en verano.
Con la llegada del verano, aumenta considerablemente el número de consultas relacionadas con las espigas. Se trata de uno de los cuerpos extraños más habituales en la clínica de pequeños animales y, aunque en muchas ocasiones se consideran un problema menor, pueden ocasionar lesiones realmente graves si no se detectan y extraen a tiempo.
¿Por qué resultan tan peligrosas?
Las espigas son las inflorescencias secas de numerosas gramíneas. Su estructura presenta pequeñas aristas orientadas hacia atrás que actúan como un auténtico "arpón". Esta anatomía hace que, una vez penetran en el organismo, avancen siempre en la misma dirección, dificultando enormemente su expulsión de forma natural.
Durante los paseos por campos, cunetas, parques o zonas con vegetación seca, las espigas pueden adherirse fácilmente al pelo del animal y penetrar en distintas localizaciones anatómicas. Las zonas más frecuentemente afectadas son:
Conducto auditivo externo.
Conjuntiva y córnea.
Espacios interdigitales.
Fosas nasales.
En menor frecuencia pueden migrar a cavidad oral, genital o incluso atravesar tejidos blandos.
Signos clínicos según localización.
OÍDOS
Es probablemente la presentación más frecuente. Los signos clínicos aparecen de forma muy brusca y suelen incluir:
Sacudidas intensas de la cabeza.
Inclinación de la cabeza.
Rascado continuo de la oreja.
Dolor intenso durante la manipulación.
Vocalización.
Si la espiga permanece en el conducto auditivo puede provocar otitis aguda, ulceraciones del epitelio e incluso perforación timpánica.
OJOS

Las espigas suelen alojarse bajo el tercer párpado o permanecer en el saco conjuntival.
Los síntomas habituales son:
Blefaroespasmo (ojo cerrado).
Epífora intensa.
Conjuntivitis.
Dolor ocular.
Fotofobia.
Si no se extraen rápidamente pueden producir úlceras corneales, queratitis e infecciones secundarias.
INTERDIGITALES

Otra localización muy habitual. Los propietarios suelen observar:
Cojera repentina.
Lamido constante de una extremidad.
Inflamación localizada.
Dolor al caminar.
Aparición de trayectos fistulosos con drenaje purulento.
En estos casos la espiga puede migrar profundamente entre los tejidos, dificultando su localización y haciendo necesaria una exploración quirúrgica.
FOSAS NASALES.

Otra localización frecuente, los propietarios suelen observar:
Estornudos bruscos y repetitivos.
Sacudidas constantes de la cabeza.
Secreción nasal, a menudo por un solo orificio.
Sangrado nasal ocasional.
Molestias al respirar o frotarse el hocico.
Su localización y extracción suelen requerir una exploración bajo sedación o anestesia, utilizando un endoscopio u otro material específico.
Diagnóstico.
El diagnóstico se basa principalmente en la historia clínica y en la exploración física.
Dependiendo de la localización pueden emplearse:
Otoscopio.
Oftalmoscopia y exploración con fluoresceína.
Exploración interdigital minuciosa.
Ecografía en casos de migración profunda.
Técnicas de imagen avanzadas cuando se sospecha migración a tejidos profundos.
En algunos pacientes es necesaria la sedación o anestesia general para realizar una exploración completa y una extracción segura.
Tratamiento.
El objetivo principal consiste en retirar completamente la espiga lo antes posible.
Dependiendo de la localización puede requerirse:
Extracción mediante pinzas específicas bajo visualización directa.
Sedación.
Anestesia general.
Lavado del conducto auditivo o del saco conjuntival.
Tratamiento antiinflamatorio.
Antibióticos cuando existe infección secundaria.
Analgesia.
Es importante comprobar que la espiga se extrae íntegra, ya que pequeños fragmentos retenidos pueden mantener la inflamación y favorecer la aparición de abscesos o trayectos fistulosos.
¿Cómo podemos prevenirlas?
La prevención sigue siendo la mejor herramienta. Recomendamos:
Evitar pasear por zonas con abundantes espigas secas.
Revisar ojos, orejas y espacios interdigitales después de cada paseo.
Mantener recortado el pelo entre los dedos y alrededor de las orejas en razas predispuestas.
Acudir al veterinario ante cualquier signo de dolor, cojera, lagrimeo o sacudidas de cabeza de aparición repentina.
En nuestra experiencia clínica, una actuación precoz suele permitir una extracción sencilla y evita complicaciones mucho más importantes. Durante los meses cálidos, dedicar unos minutos a revisar a nuestras mascotas después del paseo puede marcar la diferencia entre una simple consulta y una intervención compleja.
CASO CLINICO.

Recientemente atendimos a un gato que acudió tras estar varios días con el ojo semicerrado y con muchas legañas. Se trataba de un gato en situación de semilibertad que tenía acceso a zonas con abundante vegetación seca.
Los propietarios referían que comenzó de manera repentina a entrecerrar el ojo y con el paso del tiempo fue a peor.
Durante la exploración observamos varias espigas alojadas debajo de la membrana nictitante y en los bordes palpebrales. Debido al dolor y a la localización fue necesario sedar al paciente para realizar una extracción atraumática.

Tras la retirada completa de la espiga se realizo una tira de fluoresceína observando una úlcera corneal de gran tamaño. Se instauró tratamiento antiinflamatorio y antibiótico en forma de colirio además de la colocación de un collar isabelino. El paciente evolucionó favorablemente a lo largo de varias semanas, sin embargo su visión quedó reducida debido a la cicatriz de la enorme úlcera corneal que le causaron las espigas.



